14/7/08

I´m a self bomb

¡Cuidado! Este verano ni autobombo, ni bajonazo.

Estaba yo en mi loft privado con vista al canal samberline, que es uno de los canales del Thames, para el lado de San Lorenzo, a media cuadra pasando una remisería que hay (ahí nace) cuando se me ocurrió lo siguiente: ¿Por qué nunca hago autobombo de mis espectáculos? ¿Por qué tengo esa costumbre de tirarme a menos? Voy a Japón, hago un quilombo terrible y no le digo una p... nada a la prensa.

Y así miles de cosas: premios, me regalaron el bonee de platino de los creativos con ojotas 2007, dos premios Clarín, tres Martín Fierros y como seis que me deben, un montón de Gardel de oro, placa de reconocimiento a mi labor en pos del bien peinado de la Municipalidad de Camarones, miembro honorífico de la alta calatramba de la redopleta de la ciudad de Puerto Madryn y así muchísimos otros premios, menciones, esputos, pitos y garabatos. He conocido la auténtica garcoa, la soledad del ruflanato, palabras nuevas tal vez que muestran diferentes aspectos del hijoputaje nacional, nuevas terminologías transitando hacia el plasmar, una época del mundo en el Olimpo de las letras de Van Heusen, que no es un escritor, que es un tipo que hace camisas. Por supuesto que hay cabezas de corcho que esto no lo van a entender, otros se dejarán llevar. ¿Saben por qué no me hago autobombo? Porque me da vergüenza ajena.

Las funciones están yendo muy bien. Cuando hago alusión al tema siento que mucha gente abre los ojos. El autobombo es una deformación (interesante de ver) del ego que, muy tonificadas, ya sea químicamente o por medio de drogas o alcohol, siempre tiende a hacer perder la visión verdadera de lo que no es, poniéndote totalmente vulnerable a la burla, cosa que es peor que la muerte. Prosigo: en otras palabras el autobombo empobrece espiritualmente; no hay nada peor que ser dueño del bombo, y que el que se hace autobombo encima seas vos, que te publiquen tus amigos o te denosten tus enemigos. El autobombo demuestras que uno es una laucha, y puta que laucha, una laucha peligrosísima. Después es cosa de repetir tres notas nada más; es la envidia el motor de los medio pelo, y cuando te lo digo a vos, me lo digo a mí.

La autogestión es aplaudida siempre por nosotros, que amamos en su totalidad el caos, que todavía la misma vieja pelotuda y el mismo crítico pelado resentido:
-Ay, habló de mí- dijo el pelado.

No comprenden, porque hay una tendencia y hay que respetarla, porque la tendencia "dice que". Y encima uno no trabaja más, cuando debería morirse trabajando, porque piensa que trabaja al pedo.

Estoy hablando de la vergüenza. Me daría vergüenza escribir una canción que hable de mí. Me muero de vergüenza si alguien me saluda efusivamente o levanta un poco la voz, me muero de vergüenza cuando me dicen que soy un genio porque sé que no lo soy. Todo tiene que ver con el alma, con lo desesperado que uno esté en demostrar a los otros que pudo, si está muy desesperado, la carrera se convierte en pedos en una canasta. Nada hay más penosos que ver a un hambriento comer el grasoso salamín de la mentira del discurso a un costadito con cara de laucha.

Porque para una laucha, ese salamín es una gloria.
De lauchón a lauchón, el autobombo da vergüenza y tiene el vuelo de la codorniz.

Este chistecito me lo inventé yo, anoche. Ojalá no se lo choreen. Y si lo chorean, van a saber que es mío porque tiene la inefable marca del "yo" mío:
Algunos dicen que la Presidenta habla como Evita. Me parece bien. Sería muy diferente la cosa si hablara como De Gaulle. Digo yo, que soy un salame.

Un beso subtenauta. A partir de la próxima semana...
Te voy a tonificar el día, papi.


Con cariño, Casero (que chiste de m... ¡que no lo impriman!)

2 comentarios:

florencia dijo...

Alfredo: tengo 20 años y me crié con vos, asi que me alegró haberte encontrado en esta cosa que se intitula "blog".
Te admiro, te tiro flores y demás cosas que te dan verguenza desde mardel.
Flor

William Wallace dijo...

Qué grande, estuvo genial, pero no te la creas, jaja, vos "sos un grande" no necesitas autobombo, uno es lo que "es", el aparecer "no es" y vos "sos" un "grande"